Los seres humanos poseen unos mecanismos de defensa contra las agresiones que provienen del medio que les rodea, como las infecciones por bacterias, virus, parásitos, etc., o bien del interior del cuerpo, como la transformación cancerosa de las propias células.
Al conjunto de dichos mecanismos se le denomina Sistema Inmunitario y está formado por una serie de órganos (bazo, ganglios, etc.), células (linfocitos, macrófagos, etc.) y sustancias capaces de responder a todo lo que el organismo considera como extraño y pudiera comprometer su integridad. Se llaman antígenos a las sustancias contra las que responde el sistema inmunitario, al no reconocerlas como propias.
Los anticuerpos son sustancias producidas por los linfocitos B al contactar con los antígenos. Intervienen en la defensa ayudando y potenciando la acción de los linfocitos T. Se trata de sustancias que actúan específica y selectivamente contra el antígeno que ha estimulado su producción. Por ejemplo, nuestro organismo produce anticuerpos específicos contra el Vih cuando éste entra en nuestro organismo. Transcurre un periodo de tiempo desde que los agentes patógenos entran en nuestro organismo hasta que hay cantidad suficiente de anticuerpos para que sea posible su detección. En el caso de VIH, este tiempo es de tres meses, aproximadamente.
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