 
LA SITUACIÓN DE LOS ADOLESCENTES GAYS EN PARAGUAY
En los últimos años se ha podido constatar que muchos adolescentes son constantemente hostigados por sus familiares cuando éstos “perciben” comportamientos y expresiones de género que se apartan de los modelos tradicionales de hombre/masculino y mujer/femenina que nuestras sociedades esperan. Estas agresiones son la regla, y no la excepción.
Esta violencia se traduce en un abanico de prácticas de coacción y manipulación que van desde ataques verbales (incluso en los mass media) y/o físicos, suspensión de privilegios tanto económicos como de libre transito, chantajes emocionales hasta acciones más violentas y drásticas como son las expulsiones sus núcleos familiares, exponiéndolos a situaciones de alta vulnerabilidad, lo que resulta en un mayor número de jóvenes que se ven forzados a optar por la explotación sexual como medio de subsistencia.
En la comunidad educativa, no corren mejor suerte; muchos/as alumnos/as que manifiestan una expresión de género que no corresponde a los patrones tradicionales de masculinidad y feminidad son vistas con sospecha, convirtiéndose en blancos de crueles burlas y agresiones por parte de sus pares (compañeros) y reforzados por la actitud intolerante de muchos docentes y directivos.
El abordaje conservador y normativo acentúa una lectura heterosexista de los contenidos, negando de esta manera cualquier expresión diferente a la sexualidad oficial .
En este contexto, la familia y la escuela asumen sus roles históricos de guardianes del llamado “orden social”, el cual establece una serie de jerarquías y relaciones de poder entre los sexos, géneros y sexualidades . Este orden es defendido y perpetuado por las instituciones bases de nuestra cultura (familia, escuela, iglesia, estado) que niegan y estigmatizan los comportamientos, sentimientos y deseos vinculados a la homosexualidad. En este sistema de valores, cualquier expresión de la sexualidad alternativa a la heterosexualidad no tiene cabida, y debe ser violentamente censurada. Lo diverso es visto como adverso.
Como es típica en toda juventud, su expresión política, económica y social está restringida por su edad y por otro lado, el estar insertos en un medio percibido como hostil contribuye a su marginación y aislamiento.
Esto ocasiona que muchos adolescentes condicionados por el estigma que se desprende de la afectividad homoerótica, ejerzan su sexualidad muchas veces en el anonimato y en condiciones que dificulten la adopción de conductas de autocuidado y preventivas.
Sin duda, son estos los factores principales, aunque no los únicos (pobreza, marginalidad, falta de oportunidades) que tornan a nuestros jóvenes gays en poblaciones prioritariamente vulnerables (de forma creciente) a la transmisión de ITS (infecciones de transmisión sexual), VIH y sida.
Por esta razón, la discriminación basada en la orientación sexual e identidad de género hacia jóvenes gays rebasa el ámbito de los Derechos Humanos y se inserta como componente relevante de la problemática de salud pública.
Martin Negrete
negrete@paragay.org
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