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LA SAGRADA FAMILIA

Un tema traído a colación recientemente por las alas más conservadoras (por llamarles de alguna manera) es precisamente el de la familia. Estos autoproclamados paladines de la defensa de la familia han decidido que la mejor defensa, no consiste en resaltar los valores y cualidades de la misma, sino en atacar a sus “destructores”. En el proceso, confunden “matrimonio” con “familia”… y la verdad es que hasta ahora no me explico del todo como el hecho de que dos personas del mismo sexo que deseen casarse (un acto meramente legal, consagrado como derecho humano fundamental en la Declaración Universal de los Derechos Humanos – de la cual, dicho sea de paso, Paraguay es uno de los países signatarios) llegue a “destruir” a la familia… “lo próximo que querrán es legalizar el casamiento con animales”, se les escucha proclamar, sin darse cuenta que son ellos quienes están degradando la condición humana equiparándola con la de un animal.

En este discurso de odio, los gays no tenemos derecho a formar una familia, entendiéndose por familia la familia nuclear, es decir; padre, madre e hijos. Hay tantos aspectos errados en este planteamiento que realmente no se por donde empezar… En primer lugar, expondré la postura de algunos sicólogos y sociólogos, según quienes “padre” y “madre”, son simplemente roles. Cualquiera de ellos puede ser cumplido perfectamente por un hombre o una mujer y no necesariamente el hombre debe ser “el padre” y la mujer “la madre”.

Además, en la falacia de pretender que solamente un hombre y una mujer, unidos por el sagrado vínculo del matrimonio, y sus hijos, son quienes pueden conformar una familia… ¿Dónde quedan, pues, las parejas que no pueden tener hijos (o deciden no hacerlo)? ¿Y dónde quedan los padres solteros y madres solteras que deciden criar a sus hijos solos? ¿Dónde quedan los hijos de padres quienes, por motivos económicos, sociales -o los que sean- se han separado de ellos y deben convivir con los abuelos, tíos e incluso padrinos o amigos cercanos de los padres, con quienes no tienen un lazo de consanguinidad? ¿Son todos éstos menos “familia”?

Este discurso se encuentra tan enquistado en nuestra psiquis como sociedad que hasta los propios gays hemos llegado a pensar que no tenemos derecho a formar una familia, que estamos destinados a terminar nuestros días viejos, enfermos y solos. Esto no puede ser más falso. Nosotros construimos nuestras familias. Nuestras familias son aquellos con quienes, pudiendo tener lazos de consanguinidad o no, decidimos convivir; porque la familia está ligada no por la sangre, sino por los afectos.

El hecho de ser un heterosexual, virtuosamente casado por los ritos de alguna religión y con una prole considerable, no garantiza que no vaya a terminar sus días viejo y solo. Esto lo dicta la forma en que uno ha vivido su vida y el amor que ha prodigado… o no. familia

Así pues, la única forma de asegurarnos, como gays, una vejez solitaria y marchita es, justamente, creyéndonos el discurso de quienes pretenden quitarnos nuestras familias.

Dejemos, pues, los conceptos bien claros; todos tenemos derecho a formar un familia, de la guisa que mejor nos parezca, y una de las maneras es a través del matrimonio civil; una institución existente, que nos permite a hombres y mujeres adquirir un estatus legal que protege nuestra unión, y que nada tiene que ver con la otra, frecuentemente mal avenida, institución llamada matrimonio religioso que, para quienes vivimos en un estado laico como el nuestro y no profesamos ninguna religión, no es menester contraer.

No todos, llamémonos heterosexuales, homosexuales, bisexuales o lo que sea, estamos llamados a incurrir en el matrimonio pero, para aquellos que así lo deseen, ¿por qué no permitírselo? ¿No deberíamos tener, después de todo, los mismos derechos? ¿Le da algo en que pensar? Espero que si.


Gary
gary@paragay.org

 

 

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