 
ALFREDO STROESSNER Y
LA HISTORIA DE LOS 108
Desde PARAGAY, hemos abordado una investigación más profunda algunos sucesos de la era stronista que tienen como víctimas a los gays. Este proceso es lento debido a la galopante homofobia de nuestro medio, pero aquí ya reseñamos los primeros pasos de esta investigación.
Buscamos aportar un pedazo de esa memoria a la que algunos paraguayos tanto miedo le tienen. Buscamos con esta sección que las voces de todos aquellos que aún no encontraron justicia, puedan ser oídas, y que nosotros los herederos de este tiempo, NUNCA MÁS permitamos que vuelvan a silenciarnos.
Paraguay es un país desgarrado en su historia. Desde siempre, nuestro pueblo ha sufrido atropellos e invasiones de manera singular. El más reciente, y el que ha signado nuestro tiempo, es sin duda la dictadura militar/colorada de Alfredo Stroessner.
Haciendo un poco de historia, Stroessner sube al poder en 1954, y se mantiene en el poder hasta 1989, con la ayuda de la Casa Blanca y la CIA. Al igual que las dictaduras militares de la región, su “gobierno” estuvo marcado por el terrorismo de Estado, la caza de “comunistas y subversivos” y la exacerbación del nacionalismo. Además de la negociación inescrupulosa de los bienes estatales y su utilización para el enriquecimiento de su allegados y aliados, Stroessner rediseñó la cultura del país eliminando todo posible elemento de diferenciación de su “paraguayan way of life”, estilo de vida paraguayo, e implantando sistemáticamente costumbres y paradigmas que sirviesen a mantener su régimen, y el orden social que el mismo necesite, esto a través primero del asesinato político, y luego a través del borrado de la memoria colectiva, con sus “políticas educativas”.
Los gays no fuimos la excepción y protagonizamos dos de las más oscuras páginas de la represión stronista.
El caso que desglosamos aquí, sigue latente hasta nuestros días, en la forma de un número, el 108, ciento ocho. Para los paraguayos, este es un insulto equivalente al faggot inglés, o al joto mexicano, o al putto italiano. El número hace referencia a la cantidad de hombres detenidos a consecuencia del asesinato de Bernardo Aranda.
Aranda era un locutor muy conocido de la Radio Comuneros, ubicada en Barrio Obrero. En la noche del 31 de agosto, luego de acudir a una fiesta, se dirigió a su casa ubicada al lado del local de la radio.
A las 02:00 del 1 de septiembre de 1959, el sonido de una explosión despertó a la dueña de la casa en donde el joven alquilaba una habitación. La señora, lo llamó por su nombre repetidas veces e intentó ingresar a la habitación de donde salía humo. Como la puerta se hallaba cerrada por dentro no pudo acceder sin antes pedir ayuda al dueño de la radio con quien ingresaron para encontrar un incendio que consumía el colchón y parte de la pared de la habitación.
Entre los restos del colchón se hallaba el cuerpo de Bernardo Aranda, de 26 años. Curiosamente también se hallaba en la habitación, un reproductor de discos sonando a todo volumen.
El crimen rápidamente tomó carácter público, en Asunción de entonces no más de 200.000 habitantes. La prensa, muy favorable al régimen ya instalado en el gobierno, entre la propaganda que hacía diariamente a Stroessner, iba dando datos sobre el avance de la “investigación” del caso, en el que según las mismas publicaciones: se utilizaban los más actuales métodos de investigación química, médica y científica, nunca antes usados en ningún caso en Paraguay...”
La causa de la muerte no fue dada a conocer sino hasta tres días después, y la misma señalaba que el hombre había muerto a consecuencia del fuego. Diariamente los periódicos publicaban al estilo de la época, las novedades del caso, haciéndose eco de las declaraciones oficiales. El 2 de septiembre de 1959, publicaban en el diario El PAIS, que la policía tenía demoradas e incomunicadas a cinco personas ligadas al caso, y que se tenía la certeza de que el mismo tenía “tintes pasionales”. A partir de allí, las crónicas dan cuenta de una verdadera caza de brujas en la que al más puro estilo fascista, eran detenidas personas de la cuales se sospechaba, eran parte de la “logia de amorales que ponían en peligro la raza de hombres que había sido defendida por los héroes de la patria..”.
No se daban mayores datos pero los periodistas y supuestos lectores de la época empezaron a publicar sus propias y cada vez mas descabelladas hipótesis, a la par que se detenía a decenas de personas, alcanzando finalmente el numero de 108, que es publicado el 11 de septiembre en EL PAIS, junto a las retóricas alabanzas a la “…democrática gestión del excelentísimo señor presidente Alfredo Stroessner en su incansable guerra en contra de la amenaza comunista…”
En este punto, ya se habían realizado varias redadas en lugares de baile, de las cuales ya habían detenido a alrededor de 120 personas, de las cuales se mantenían los 108 varones, numero que queda desde entonces y hasta hoy como epíteto de homosexual en Paraguay.
Finalmente, el 23 de septiembre, luego de publicar una serie de artículos referentes al crimen, junto a la trágica historia familiar de Aranda, y las intrigas que se tejían alrededor de su muerte, se publica en los principales diarios una carta de un lector “a la cual no les quedaba duda de ceñirse ideológicamente”, en la cual se hablaba de una “logia de amorales” que buscaba “reclutar a los jóvenes incautos para distribuirlos en cuatro grupos que se disputaban el gobierno del harén de la ciudad”. Esta y otras ridículas y amarillistas expresiones servían para demonizar a los gays, y empujar a la gente a denunciar a cualquiera que ellos creyesen gay, marcando de esa manera con miedo y terror, la sola idea de la homosexualidad.
Lo único concreto que queda del caso en la prensa, es el terror infundido a la población a lo largo de esos meses, en los que incluso se llegó a solicitar que se conforme un escuadrón especial para perseguir y exterminar la amenaza de los sodomitas… A pesar de que las crónicas hablaban de que se había encontrado al responsable del asesinato, nunca revelaron el nombre sin más razones que “seguridad dispuesta por la policía”.
Las publicaciones hechas por los periódicos de la época dan cuenta del infierno que vivieron los involucrados, y empezaron a dar una idea de los años que vendrían y las tragedias que viviríamos más adelante.
Fuentes:
- Diario EL PAÍS. 31 de Agosto a 23 de Setiembre de 1959. Biblioteca Nacional
- Diario La Tribuna. 1 a 23 de Setiembre de 1959. Biblioteca Nacional
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