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El recorrido...

En recorrer este sendero, debemos seguir el ejemplo del movimiento de mujeres en reconocer no solo la importancia de ambos cambios, “personales” y “sociales”, sino también a las relaciones entre ambos. Como hombres, necesitamos abogar y organizarnos activamente para apoyar los cambios legales y sociales, por la libertad de elección de programas de cuidado infantil, desde nuevas iniciativas que desafían la violencia de hombres a programas de acción afirmativa en nuestros lugares de trabajo. Nosotros debemos ayudar en la construcción de dichos cambios, no solo a nivel de macro-políticas, sino en nuestros propios lugares de trabajo, sindicatos, asociaciones profesionales, clubes, lugares de oración y comunidades.

Debemos ver a estos asuntos no simplemente como “asuntos de mujeres” sino como asuntos que nos enfrentan y afectan a todos. Este último punto es importante si genuinamente esperamos formar una política anti–patriarcal  que incluya a los hombres como a las mujeres.

En el caso del cuidado infantil, por ejemplo, la agenda de los hombres debe no solo apoyar las visiones de las mujeres feministas y las necesidades de las madres, (aunque este apoyo es una parte muy importante de lo que hacemos). Debemos también articular políticas de cuidado infantil que mejoren las vidas de muchachos y hombres, que permitan a los hombres ser mejores padres en el cuidado y la crianza de sus hijos. Debemos analizar los experimentos, como los de Suecia, por ejemplo, donde las políticas públicas y la autoridad del gobierno han sido usadas, con ambos, éxitos y fracasos, en reconstruir la vida laboral y familiar de tal manera a hacer posible formas más saludables de paternidad y maternidad.

Una clave para las futuras políticas sociales de cuidado infantil es el acortamiento del día laboral. Esto tiene enorme implicaciones para las vidas de los hombres (incluyendo a los más jóvenes y a los hombres de color que han experimentado enormes discriminaciones en el mercado laboral). Tiene tremendas implicaciones para la auto identificación de todos los hombres, desde que su vida laboral, con todos sus peligros y costos, emocionales y físicos, ha sido tan integral a la identidad masculina. Para que los hombres escapen de las restricciones de las masculinidades dolorosas, debemos, entre otras cosas, redefinir el trabajo de la paternidad y el trabajo del trabajo.

Esto deja abiertas nuevas posibilidades para que las amplias organizaciones de hombres antisexistas  puedan sortear la ruptura que algunas veces nos separa de las preocupaciones y aspiraciones de los hombres de la clase trabajadora. Todo esto es igualmente cierto en los temas relacionados a la salud y seguridad de los hombres. Las mismas definiciones de las masculinidades hegemónicas – somos siempre fuertes, no sentimos dolor, nunca sentimos miedo, etc etc. – significan que por esa definición, es aterrorizante para los hombres el mirar seriamente a nuestros problemas de salud o seguridad. Incluso el reconocimiento de esos problemas parecen una confesión de que no somos masculinos. Esto es verdad entre los lugares de trabajo peligrosos, donde los hombres en la práctica raramente rechazan el trabajo peligroso o las horas extras que los aparten de su familia y causa enormes cantidades de stress emocional y físico, aún cuando les ofrece beneficio financiero. sendero

Esto  también es verdad para los frutos de generaciones de sociedades patriarcales que han puesto producción, logros y conquistas, sobre las necesidades humanas en un ambiente demás frágil. Pienso, por ejemplo, en la baja cuenta de espermas de cada vez más hombres alrededor del mundo y el incremento en la incidencia del dimorfismo sexual entre los recién nacidos. Aparentemente gran parte del problema es causado por los componentes con clorina hechos por el hombre que imitan al estrógeno. Estos son problemas de los que los hombres no hablan, pero que han tenido un enorme impacto en nuestras vidas. Existen problemas que los hombres deben y pueden trabajar, en concierto con algunos problemas similares de las mujeres.

Tal trabajo no solo involucra el proveer de apoyo verbal, financiero y organizacional a las campañas organizadas por las mujeres, también requiere que los hombres organicen campañas de hombres ayudando a hombres.

Esfuerzos como los de la campaña canadiense del Lazo Blanco son críticos para romper el silencio de los hombres en un amplio rango de temas afectando las vidas de la mujeres. Este esfuerzo, que se enfoca en la violencia contra las mujeres, ha sido sorprendentemente exitoso en alentar a los hombres a identificarse con estas preocupaciones y productivamente han usado los recursos a los cuales los hombres tienen un desproporcionado acceso. Estos esfuerzos deben ser acompañados en diálogo y consultas con los grupos de mujeres de manera que los grupos de hombres no lleguen a dominar este trabajo.

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